Este polo de pobreza, este polo de caras, de gestos, de brillos, miradas, cristales, vitrinas y más… aquí nada yace, nada es, y a la vez todos son, algo que la razón no puede razonar, claro está que para la conciencia de los idealistas estas premisas resultan banales, ya que, estos centran su vida desde el alma y el alma no necesita de materialismos, como sí el cuerpo… Para el idealista cualquier lugar es el mismo, todo le parece novedad o algo necesario para la eclosión de nuevos razonamientos, en cambio el corriente sí delata todos los aspectos, contrasta las situaciones, esto es Más y esto es Menos envés de esto es Malo y esto es Bueno.
Eduardo no se siente bien comiendo entre mucha gente, agarra su cuchara la eleva con el respectivo elemento encima y en mitad de camino se detiene, queda segundos hecho estatua, casi pávido con letargo levanta lentamente el iris de sus ojos hasta que parezca que hayan quedado colgados de las pestañas superiores, mira a un señor, una señora, un niño, a una jovencita… mira, mira y mira mientras los alimentos tiritaban en la superficie de la cuchara que seguía inmóvil a mitad de camino.
— Ya no puedo estar aquí
Levantándose del asiento como si nada, él no pretendía que todo el mundo se de cuenta de que estaba en una magna tensión, caminó por los pasillos sin dilucidar que su miedo estaba fecundado en el reflejo de él sobre los cristales limpios, sintiendo incluso que estos cuadros de vidrio lo coqueteaban y más pensamientos obsesivos que le producían el escenario del utilitarismo de la polis.
Era largo el pasillo, hasta legar al final donde uno da media vuelta y todo es lo mismo, sin cavilar tal monotonía siguió el camino hasta llegar donde empezó.
— Bueno, tengo algo de dinero y no sé que estoy haciendo, pero necesito no tenerlo para sentirme feliz.
-¡Por Dios! Eduardo qué te sucede, yo te caractericé de otra manera, lástima que no me puedes contestar por no ser esto un experimento literario-
Bocas abiertas chorreando baba, con bolsillos insípidos anhelando el cristal, qué tienen que hacer ahí… hay cosas más importantes como leer un libro de Literatura Universal, y qué dicen de los cristales empañados de vapor salido por la exhalación, anhelando olor a nuevo… solo eso olor a nuevo…
-Pobre Eduardo ¿Qué ves? Está bien discúlpame me olvidé de nuevo que esto es Literatura Académica-
Siguiendo el pasillo sin fin, entra en un cubo de esos fríos que huelen a ropa sin sudar, a su lado una mujer rubia de color rosado metía sus lisas manos en su elegante cartera de brillos, saca una Tarjeta de Crédito, Eduardo la miró y sintió envidia
— Por qué no puedo hacer eso, Mi Padre nunca me dio esos lujos, que mal padre siempre me llevó al Mercado a comprar ropa, él debió haber tenido más dinero para que mi calidad de vida sea como debe ser, tener mi carro, ropa de marca, celulares caros, vacaciones en Estado Unidos, mejor colegio, mejor esto, mejor aquello, mejor allá, mejor acá… Si Papá me hubiese brindado esos detalles, tuviera una novia rubia ojos claros con trasero convexo, no la chola negra que tengo y encima boca sucia. Así es mi vida me tocó el decantador más estricto.
Eduardo seguía cavilando estos preceptos referentes a su vida desde que se acuerda de Niño hasta ahora, verlo a distancia pareciera que está sedado viendo gente.
— Permiso me está obstaculizando el camino, quítese
Esta Rubia pasa junto, bien junto, tan junto a él dándole una caricia en el rostro con su cabello olor a shampoo costoso, tal caricia para Eduardo no fue tortuosa paradójicamente fue excitante, ella sale del lugar y Eduardo queda inmóvil en Acción y Pensamiento mirando al vacío, sacudió su cabeza y corrió a seguirla pero al salir la perdió de su visión periférica, miraba inquietamente mira a todos lados, después obsesivamente miraba a todo lugar posible de estadía de
— ¡Mierda, se fue! (expresión en silencio, al mismo tiempo que se agarra el cabello)
Esta vez sí había perdido a la rubia, qué decepción para él tener que sentir la pérdida y de esta manera, como un precipicio con sima puntiaguda sintió el dolor del autoengaño, de eso que siente un hombre cuando de cinco, seis le salen mal… ya cabreado Eduardo sube por las escaleras eléctricas al Patio de Comidas a dar solo vueltas, el ambiente lo rodeaban mujeres maquillándose, homosexuales observadores, las niñas con apariencias de mujeres apetitosas (lo extasiaban) y ciertas personas prejuiciosas que se burlaban de él por su vestimenta cómoda. Harto de esto emprende camino a la librería; entre el Patio de Comidas y
De hecho ese no era su ambiente, estaba en un campo minado el cual no hallaba escapatoria, pero como algunos dicen “Siempre hay una buena alternativa” la que quedaba era el Cine, estaba tan emocionado de querer echar atrás todo lo acontecido, toda intención de cambio muere en la cartelera…
Casi llorando Eduardo baja a la planta baja ahí yace una tiendita de licores importados justo a lado de la papelería, entra a la papelería compra un cuaderno y una pluma, luego va a la tiendita y lleva una cerveza alemana de cuatro dólares, sale a esos asientos de fierro atornillados al adoquín de la explanada, fumando cigarrillo toma la cerveza saca sus audífonos y le pone Play a Periódico de Ayer…
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